Una Vida Dura
Antonio Asterio Anomale
Una persona común, de un
pueblo común, prácticamente desconocido. En esta ocasión adentramos en la
infancia de una de las personalidades de Camilo Aldao, de esas en las que decís
“si no conoces a tal, es porque no viviste en tal lugar”. Lamentablemente, es
mi deber avisar que esto va a ser duro como si los que le hicieron este daño
tuvieran el corazón de piedra.
Son las 6 de la tarde del domingo. Hay una pequeña
reunión en la plaza frente al Hospital Municipal de Camilo Aldao. Allí esta
Antonio, esperando como se había pactado para hacer la entrevista durante la
semana. Se lo nota nervioso, y algo álgido… hasta nostálgico. En ese momento
decide acercarse para verificar “¿quieren ir a algún lugar en especial?” dice a
lo que la respuesta sólo se basó en un lugar donde se sienta cómodo.
Nos dirigimos a un banco del hospital donde suele pasar
sus tardes charlando o simplemente apreciando el paisaje y a la gente que suele
pasar por allí, que siempre es remunerado con un “buenas tardes Antonio”.
Anomale es jardinero, ya retirado, con sus 78 años puede
decirse que está en un estado físico aceptable para su edad. Alardeó con que
logró hacer una caminata de 3 kilómetros organizada por la localidad para
juntar fondos.
Es una persona muy creyente en la religión Cristiana
Apostólica Romana, convirtiéndose durante más de 60 años en la persona
encargada de tocar las campanas en la Iglesia “San José” cada vez que se
avecina una misa o cuando fallece alguien.
Pero detrás de esta personalidad amigable ¿Quién iba a
decir que dentro de él llevaba tal infancia? ¿Que esa espina dentro de su
corazón hacía que cada noche que viniera estuviese con los ojos tan abiertos
como si fuese mediodía?
Antonio Asterio Anomale nació el 13 de Junio de 1939 en
Corral de Bustos. Siempre vivió en Camilo Aldao con su tía con la que luego
pasaría momentos muy difíciles a pesar de su corta edad. Toda su vida fue
jardinero.
Actualmente se encuentra jubilado y, por iniciativa del
Intendente, viviendo en el Hospital Municipal.
Se rompe el hielo y arrancamos con una pregunta fácil y
rápida.
Anomale ¿es su apellido?
“Sí, es mi apellido. A pesar de que mucha gente me lo
dice como si fuera un sobrenombre sin más. Pero es un apellido de origen
español”
Es cierto, todos lo tomaron como un simple sobrenombre
como si a José le dijeran Pepe.
¿Cómo fue su infancia?
“Yo siempre viví en Camilo, en aquel momento estaba con
una tía que se llamaba Margarita Ramallo” En ese momento fue cuando tras esos
recuerdos, sus ojos comenzaron a mojarse y a brillar, convirtiéndose en oro
puro y reluciente.
“Esa tía me encadenó de las manos y los pies en su patio
en el espacio de 15 días y 15 noches en una casa que está ubicada en 9 de Julio
y Libertad a la temprana edad de seis años”.
En esa situación, ¿te
alimentaban como a un animal, una mera mascota?
“Ella nunca me dio nada, algunos vecinos a escondidas de
Margarita me daban comida pero estuve casi tres días completos sin comer.”
En ese instante, pareció como si el fantasma de su pasado
el estuviese carcomiendo, su cuerpo
comenzó a temblar de manera extraña, hasta el punto en el que se le preguntó si
podía continuar, aunque luego de unos cuantos suspiros siguió sin ningún
problema.
“Estoy muy agradecido con esos vecinos, porque si hubiese
sido por mi tía ya no contaba más el cuento.”
¿Pudiste volver a hablar con
alguno de ellos en algún momento?
“Sí, tuve la oportunidad de agradecérselos en persona.
Por suerte y gracias a Dios, algunos siguen con vida y poseen una buena salud
en sus ya casi 90 años”.
Y pensándolo desde tu vida
actual, ¿qué sentís de haber pasado esa situación?
“Te digo la verdad…” piensa y busca las palabras ideales,
“yo no quisiera que nadie pase lo que me pasó a mí, sentí que me moría de
hambre y frío” en esta ocasión de forma literal, con voz temblorosa y el alma
hecha pedazos.
“Hasta me acuerdo de la fecha exacta, desde el 1 de Junio
hasta el 16 de Junio pero del año 1945.”, orgulloso de su vasta memoria.
¿Cómo te rescataron?
“Esos mismo vecinos que me dieron de comer durante esos
horribles días, fueron los que día tras otro llamaron a la policía.”
¿Qué fue lo que sucedió con
tu tía?
“Ya falleció, pero en aquel momento quedó presa durante
un tiempo…” pensó y pensó hasta tratar de precisar los años, aunque no lo logró
“se fue a otro lugar del país, pero no supe dónde”. Sin embargo, eso no le
importó, y siguió su vida de la manera más normal posible porque muerto el
perro se acabó la rabia.
A partir de ese momento,
¿con quién viviste?
“Yo a esa edad fui a vivir a la Iglesia junto con el cura
que estuviera de turno. En el ’53 estaba Broggi Carranza que vino de Río
Primero fue con el que más tiempo conviví, que fueron 14 años.” No obstante,
aunque él no decidió nombrarlo, tuvo una vida aún más dura de la que comenta,
porque al irse ese cura párroco, decidieron que ya era momento de que se busque
otro lugar.
De allí, le dieron lugar en un sótano de la Sociedad
Italiana dónde pasó otro de los peores momentos de su vida. Estuvo casi 5 años
con pulgas que no lo dejaban descansar a pesar de que al otro día tenía que
levantarse a las 5 de la mañana a trabajar.
¿Qué significado tiene la
religión Católica Apostólica Romana a tu parecer?
“Te hace pensar acerca de la vida. Te hace reflexionar y
meditar. Te hace saber si el camino que tomaste es el correcto o si vas hacia
otro lugar. Ahí conoces a Dios y aprendes a quererlo y respetarlo.” Dios
aprieta pero no ahoga, y eso lo vivió en carne propia Antonio.
¿En qué lugar estás
hospedando hoy en día?
“Estoy viviendo en el Hospital. Comparto la habitación
con cuatro personas. Me lo propuso la Municipalidad el año pasado y no dudé en
aceptarlo.”
¿De qué forma devolvías tu
hospedaje en la Iglesia?
“Yo siempre fui jardinero. Allí limpiaba todo el frente,
pero también me encargaba de tocar la campana, preparar la alfombra y algunas
cosas más para los casamientos, para los bautismos, además de acomodar el
espacio para cada misa. Estuve casi 60 años ¿Quién aguanta tanto tiempo?” decía
mientras largaba una carcajada porque supo que ya la peor parte de los
recuerdos habían pasado.
¿En algún momento sentiste
que la gente se burló de tu situación?
“Cuando se enteraron por todo lo que había pasado la
verdad es que siempre me trataron muy bien…” ya se le había borrado esa sonrisa
de la pregunta anterior para volver a una cara más seria, casi tan dura como
una piedra.
¿Y antes de que se sepa?
“Algunos la verdad es que sí…” Cabizbajo.
¿Cuál era tu sensación cada
vez que lo hacían?
“Sentía una pena muy grande, muchos me venían a decir en
la cara cuando…” ahora con un demostrado remordimiento “con todo lo que sufrí.”
¿Alguna vez pensaste en
quitarte la vida?
“No… Siento que lo que viví y pasé es un ejemplo para
todos.” Esta vez como una demostración de coraje y fuerza de voluntad que
supera muchas más ganas de vivir que de cualquier otro individuo.
Después de la tempestad viene la calma, o eso se cree. Y
a Antonio parece que le llegó el momento de calma, después de tanto
sufrimiento, más de mil y una veces maltratado.
En sus palabras, las claves de la vida son “tener fuerza
de voluntad, superarse, tener ánimo de seguir y nunca rendirse”.


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